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El Artesano (San José: Salomón V. Escalante, Alejo Marín J., Menardo Reyes., Junio 1889), pág. 2.

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2. flv HÑ JP. vi. u. Üayií del Poder don Juan Rafael Mora. y Girasol se volvió rnontcalegrista; en cuerpo y en alma perteneció eso circulo hasta nue el señor Montealegre termino su periodo, y entonces don Ambrosio se convirtio en jimcnista; no hablaba sino de don Jesús, de sus dotes administrativas, de su honradez acrisolada, de sn decidido empeño en propagar la instrucción pi iblica. i: oco despues del É? de abril de 18370, Girasol paso a ser guardista; decia que no había hombre mas simpático que don Tomás, ni quicn tu viese sus méritos militares y su don de mando. Algunos dias despues de la muerte del General Guardia, don ámbrosio resulto fernandiata; estaba enamorado de don Próspero, y ponía en los cuernos de la luna la modestia de aquel ciudadano y su amor la constitucionalidad.
Que se alboroto cl abismo, Que el cielo se vaya abajo, Que el Ebro se pase nl Tajo, Don sin: brosio sismpre el mismo.
El mismo parásito, adorador del santo del dia, en actitud suplieante, con cl cepillo en una mano y el incensario en la otra. Girasol nunca se ha hallado en batalla ni escaramuaa alguna, y tampoco ha tomado parte en luchas electorales; pero en cambio ha firmado todas las felicitaciones dirigidas los Presidentes desde Iii iii hasta la fecha, y ha figurado en las oraciones populares, en las cuales se ve ir en primera fila, oondncien. do algún emblema significativo, cuando menos un bacheo descomunal; y prorrumpe si cada ciomento en vivas al Presidente, con una vos. que apagaría la de Eatertor, y quemasuena a mucha distancia, y es demostracion atronadora dc la existencia de amplisimos pulmOnes y poderosa las rings.
No se quien sea hoy el objeto de las afecciones de Girasol, pero si lo barrunto Ha poco tuve ocasión de observar que estaba dando cn naci o arreglo su sala, y lo que más le preocupaba era la colocacion de los cuadros; en el lugar inferior ¿e la picas habia colocados! retrato de doo uan Rafael Mora, en uno de los costados el del General Guardia, y se ocupaba enfapear de la testera el del General Fernandes, para colocar alli el del General Soto actual Presidente de la República.
Sin embargo, don Ambrosio, a pesar de tea ner mas metamorfosis que Ovidio, ha dado pruer has de una virtud, y es la de no hablar mal de lo pasado y mucho menos de los que ya no existen.
Peores mil veces son los que alardean de indes pendencia y de valor ante el silencio y la inmovilidad de las tumbas, los que cacarnecen 1a rue»
moria del que era su idolo ayer. Herlia esta salvedad, exigida por la íosticia, hago votos porque Dios conserve todavia, durante luengos periodos presidenciales, la importantísima vida de don ¿mbrosio Girasol, Roncero.
DESEINIGÁÑO.
035. 1330 DE COSTUMBRES. Conoce Ud. me corrio de su casa, doña María? Conque Ud. al fin terminara por hacerme perder la paciencia de santo que hasta ahora he tenido? Pues irían, lidia quiere, no será mi si quien pese de ello: contestare la guerra que tan vilmen te me ha declarado; seré lo que Ud. ha sido conmigo: un enemigo si quien no se aplaca con nada, No intento vengarrne, porque no hallo cn mi ca oeaa una satisfaccion los males que Ud. me ha prodigado: Ud. no me»
rece una buena venganza, pues seria mucha lionra para Ud; y una bajarse, que seria la única manera de correspondería, es indigna de mi. Ro pretendo vengarme, le repito; pero si hacerla pagar en la misma moneda las ¡infesticias de que he sido victima. 8in embargo, y lo sientolen el alma, no podrán mis deseos cumplirse como yo quisiera: Ud al maltratar me como lo ha hecho no tenia más base que sulmal corazon, pues ¿vo no la he ofendido nunca en nada, no le lie liecho el menor daño; no tengo más culpa. que la de haberla querido, creyendo ciegamente ue tratar ba con una maior, no con una harpia. c, al hacer frente Ud, voy con el instinto de devolver mal por mal, con la mira de que Ud. crea que no soy un simple como lo aseguro al doctor aguilar debida aEL ARTESÁNÜ v u v Hrv. w1 en su visita del domingo. Total. o tengo raaon, por lo menos motivo, para obrar como lo hard, y Ud. no ha tenido en su apoyo nada; por consiguiente, Ud. padecer :1 lo que en justicia debe llegorle, mientras que yo he tenido que soportar sin merecimientü todos sus agravios. Adiós, son ñora, ya que hemos roto las hostilidades, le advierto que el dinero no es el hombro como Ud.
cree, antes bien, el hombro es el dinero: lo es todos Dios quiera que Ud. se convence de esta verdad y no me vea con ojos tan infliioes solo por que soy pobre. Para servir si Ud.
II.
Esta escena, no interrumpida ni por un inomento por parte de doña María, se verificaba erifrente de la casa que esta señora tenia ii orillas del camino que conduce la villa de Desamparados Sepamos ahora que la habia motivado.
Miguel Angel Mora era entonces un nmcliacho de veinte años; habia tenido la desgracia, roino siempre se ha creido, de nacer de padres muy humildes, quienes, pesar de haberle dado una baena educacion, y estar s1 dotado de una inteligencia nada común, no pudieron borrarlo el sello de esa desgracia. saaon cursaba leyes en la Universidad de San osa, y era tenido entre sus compañeros uno de los mas aventaiados. Her bis mirado hacia año y medio con todo el fuego de sujurentud a la hermosa Mercedes, la iiabia amado como stilo una vea se ama. Cifraba toda su ventura en llevarla algún dia al altar ¿r alli entrega rseie ambién en cuerpo, ya que en espiritu lo estaba desde que la habia visto. Ella lo quiso con la misma intención de cariño que él le habia consagrado; lo quiso porque era desgraciado, después lo adoro porque era su ideal, la realizacion de sus sueños. En una palabra: no les parecio ii ambos sino que el ono habia nacido para el otro, y que habían sido muy torpes no en centrándose antes. Comenzó Miguel Angel por visitar le easa sin sonpechar siquiera» que alli se guardaba el tesoro de su prometida. Fué la prir mer vez pnl? casualidad, con un amigo: después busco medios de ir, sin darse cuenta siquiera de que le agradaba algo alli; no fue sicofhasta dos meses despues cuando, a! hacerle una observación ese mismo amigo, cato one estaba enamorado. Here me desgraciadoi se dijo. Cuando ese angel puede querer un diablo como yo. pobre y sin esperanzas de un brillante porvenir?
Pero pesar de todo, ella. lo amo, y más aun: lo hiso el santo de su devoción.
Felices, muy felices, no se acordaron que el tiempo anda al vapor, y trascurrio un año; Doiia Maria, madre de su adorada, no había mirado con agrado esos amores y ya habia reconvenido mechas veces Mercedes por su locura. lio consideras, le dijo un dia, que ese pobre inuchacho no tiene capital y tii, si acaso se te ocurriera el desatino de casarte con el tendrias que trabaíar?
Pero Mercedes defendía valientemente su querido Miguel Angel. mDinero como principe, bien se que no lo tiene. llamar ds contestaba. pero tiene talento y sigue una carrera; y sobre todo que yo lo quiero mucho: déieme quererlo. Bien: algún dia te has de acordar de mi.
Esta era la frase terminativa de todos los alter»
carlos; y doña Lïar ia pateaba, no comia y se traer torna oa su juicio con solo pensar si aquel par de calaveras se saldrían con la suysew Un dia, cansada Mercedes de luchar con su madre, dijo Miguel Angel: mBien sahe Ud. que lo adoro, y que si le digo lo siguiente, no es por falta de cariño sino por nuestra seguridad: Procure no volver, para probar si mamá se, calla un poco. Deepue yo misma le dire que 1o invite a visitarnos de nuevo.
En casa de nuestra amiga Julia nos podem. ver y hablar mentido. en erectoGno volvio.
Pocos dias despues supo que. doña María contaba que lo habia despedido, aqui ya no pnl do mas: se puso en acecho para lograr hablar con ella sin que nadie los oyera, y lo logró, pues la escena anterior fue la manifestacion de los sentimientos heridos del infeliz Miguel.
rss Pintar como quedo dona Maria, es facil: con solo decir que se puso liridn, y que estuvo tros dias cn canta, y que casi dobla las sabanas, hasta.
mlnaolente. judio, miserable. Ïnsulr tai ¡ne un descatnisndo. le mi, la madre de un ministro. y todo por esa mucosa mais agradecida. Ya inc las pagarán los dos. III.
Han pasado dos años, durante los cuales Mi.
guel Angel no ha ido ni una sola ves ii casa de doña Maria. Esta creo que ya todo paso, y por ello se felicita. sois una coso entraña, y es que 1lider estirar. esta siempre triste. Si se acordará del tunantc de Miguel. se pregunta; pero ¡que! oi la cara le ha vuelto si ver.
Hoy, veinticinco de diciembre, como que Merceditas está mas alcgrita. Si será que al cabo le ha gustado el liiio del banquero, que tanto la ha obsequiado, y quien la muy tonta no parece querer. Hace ocho dias traté de sondearla y me dijo con nn tono de drama: Mamá, acuerdese que yo no naci para querer a ese caballero sin más mérito que un poco de dinero. No es dinero lo que mi me hace falta. Bieu ss lo que es, y Ud. también. Le contesté con una mueca, que era lo que merecia. Pero hoy noto que está regociíada: me figure que la riqueza de este simpático joven la lia seducido. Dios lo quiera!
En medio de estas reflexiones esta, cuando la criada anuncia don Miguel Angel Mora.
Un poco pálida se vuelve la az de la señora, pero no hay remedio. quien sabe que quiere ese papamoscas! Por suerte no esta Mercedes.
mSeiiora, dice al entrar lliignel. Ud. escussrá el que venga causarle la molestia de mi visita. Doña Maria no contesto nada.
Pero, añade Miguel Angelrhay en esta cas sa algo que me interesa más que Ud.
La cara de doña Mari se empifia descomponer, y eaclama. Concluye Ud. pue Jarama W Bien: pesar de que soy u Adán por lo pobre, vengo a pedir Ud. la mano de mi. de su adorada hiia. Imposible, prorrumpe la señora. Ya lo veremos, doña María, añade Miguel con una sonrisa despreciativa. chi ¿Yo habia de consentir en que mi hija, hermana de un Ministro, nieta de un Presidente, se naiera con el hijo de ¿quién. De mi padre, señora, que aunque no es Ministro ni Presidente, es digno de honrar cualquiera. Pero he cumplido con decirle Ud.
que me caso con la señorita Mercedes, dentro de un mes. Para servir a un Ud, señora.
Doña Maria sintió que le faltaba la respira u cion, sintio que moria. 1V.
Un año más tarde Mercedes de Mora, esposa del Lindo. don Miguel Angel Mora, el primer ju. ris consnlto de Costa Rica, escribia su madre. Querida mama: soy muy desgraciada. Al En he comprendido que fui una. loca al casarme con Miguel. Le envio la gaceta de hoy para que juegue de mi desventura.
So hija que la adora. Maasaoas. Leysi doña diaria esta carta casi con placer. Me alegro, se decia, al fin me sali con mis cinco: por lo menos alguna prisión tiene hay en cima ese maquetrei e. Veamos.
HOhi que horror l Marea, un vaso de agua. Entra la sirvienta despavorida y recoge, en medio del desmayo de doña Maria, el periódico que ésta habia arroíado al suelo, 5? leyó el decrer to que decía: fisicodir sudo la ilustracion y relevantes dotes que posee el Lindo. don Miguel Angel Mor ra, el Presidente de la República Accesos: Nombrarlo Ministro Plenipotcnciario y Enviado Entraordinario de este Gobierno cerca del Gabinete Francés, Lois.
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